Archivo mensual: febrero 2009

Conferencia: «Escribir de sí mismo. Historia y autodocumentos en los Andes»

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¿Qué tienen en común viajeros, intelectuales, cronistas, presidentes y subversivos? Que todos ellos, de una u otra manera, dejaron testimonio de su trayectoria política, social o cultural a través de sus autobiografías. Un grupo de especialistas discute este legado en los Andes desde el siglo XVI hasta nuestros días. Este acercamiento implica volver a redescubrir al individuo y su producción, lo cual había sido prácticamente vetado a partir de la irrupción del grupo de Annales y su rechazo hacia lo individual, al equipararlo con las biografías y semblanzas de los reyes y gobernantes al mismo tiempo que se producía un rechazo al tiempo corto —el tiempo de la biografía, del individuo— en beneficio de los cambios estructurales.

 

Pero hubo quienes hicieron caso omiso de este mandato y persistieron en centrarse en el sujeto como personaje histórico. Ahí están como ejemplos el magnífico libro de Georges Duby, Guillermo el Mariscal o la biografía de San Luis escrita por Jacques Le Goff. La consolidación de la escuela microhistórica italiana dotó de un soporte metodológico al estudio de los individuos, con los notables aportes de Giovanni Levi y Carlo Ginzburg y su ícono Menocchio, aquel molinero capturado por el Santo Oficio. Pero un notable impulso hacia el análisis de las memorias y autobiografías como recurso metodológico y dotado de su propio soporte teórico lo brindó James Amelang con su libro El vuelo de Ícaro: la autobiografía popular en la Europa Moderna.

 

copia-de-post-conferencia-escribir-de-si-mismo-cabecera-2Para analizar la producción de autobiografías en el Perú, el panel de especialistas reunidos en «Escribir de sí mismo: Historia y autodocumentos en los Andes» propone abordarlo a partir del concepto de autodocumento. Sobre la definición de autodocumento, el brochure del evento menciona lo siguiente: «La definición más aceptada de autodocumento es la de Phillipe Lejeuna. En su libro Le pacte autobiographique, define la autobiografía por la identidad que escribe, la persona que aparece como narrador en el texto y la persona cuya vida es contada. El pacto entre escritor y lector consiste en que el escritor afirma, primero, esta triple identidad y después la veracidad de lo que cuenta. Esta definición es tan amplia que puede aplicarse a un gran número de géneros literarios. Se puede afirmar, entonces, que se trata de un autodocumento cuando se realiza este pacto tácito. Un relato de viajes es un autodocumento cuando existe esa convención, que implica que la vida del escritor o una parte de ella aparece en la narración.

 

Después de diversos estudios y debates originados por la terminología, por una definición amplia y por las maneras de abordar su estudio desde otras disciplinas, podemos establecer una pequeña diferencia. En la ciencia literaria se discute un gran número de definiciones de género, mientras que la pregunta más importante para la historiografía es: ¿qué nos dicen los autodocumentos sobre el pasado?».

 

Leer la entrevista a Phillipe Lejeuna a propósito de su obra, aquí.

 

Fecha: 26 y 27 de febrero

Lugar: Instituto Raúl Porras Barrenechea (Colina 398 – Miraflores)

Ingreso Libre

 

Auspician: IFEA, UNMSM y Universität Hamburg

 

Ver Programa aquí

 

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La Historia me premiará: Fidel Castro, Premio Nacional de Historia

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Parece una broma de mal gusto, pero no lo es. La Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHC) decidió otorgarle el Premio Nacional de Historia a Fidel Castro, en reconocimiento a los ensayos escritos desde La historia me absolverá así como por los escritos referidos a la situación mundial y de Cuba en particular, pues «constituyen un ejemplo para llegar a valoraciones certeras de la historia de Cuba y del mundo contemporáneo».

 

post-fidel-castro-historiador-caricaturaLo que de alguna manera puede explicar el Premio, según algunas fuentes, son los artículos de contenido histórico que Castro escribió y publicó en los últimos meses en la sección Reflexiones de Fidel, del Granma. En uno titulado «La gran crisis de los años 30», aparecido en diciembre pasado, Castro repasa con una escandalosa simplicidad los hechos referidos a la Gran Depresión para hacer un paralelo con la crisis actual y el destino de China. En otro texto, «Las dos Coreas (Partes 1 y 2)», realiza un recuento histórico de Corea en el siglo XX y cómo la intervención norteamericana afectó su desarrollo. De paso, aprovecha para criticar a Japón por sus acciones pasadas en la guerra y aunque reconoce el potencial económico japonés, en ningún momento —como es predecible— hace mención a la intervención norteamericana en 1945 y su ayuda para levantar a este país de las ruinas. Así son los textos históricos de Fidel que la institución oficial de historiadores cubanos ha premiado: tendenciosos e ideologizados (y, para mi gusto personal, bastante soporíferos).

 

Además, según lo anuncia el periódico oficial Granma, Castro se ha convertido en un best seller con su libro La paz en Colombia. Este galardón se suma al Premio Nacional de Periodismo «José Martí» que recibió Castro el pasado mes de agosto. Si bien es cierto que las instituciones culturales suelen homenajear a los dignatarios, es la primera vez que se otorga premios de esta naturaleza a quien gobierna el país, lo cual dice bastante de la autonomía académica de la historiografía cubana.

 

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Las razones de la violencia. A propósito de «Confesiones de Tamara Fiol»

post-las-razones-de-la-violencia-cabeceraAlexis Iparraguirre, escritor, profesor de la PUCP y ganador del Premio Nacional PUCP 2005 en la Categoría Cuento por El inventario de las naves, nos ha permitido reproducir la nota que hizo circular por el Facebook a propósito de la aparición de la más reciente novela del escritor piurano Miguel Gutiérrez. 

«Miguel Gutiérrez, en su última novela, Confesiones de Tamara Fiol (Lima: Alfaguara, 2009), confirma el memorioso, agudo, inteligente y poderoso fabulista que es. Cabría añadir que es una novela distinta de todas las que ha escrito antes, aunque, como diría su admirado Vargas Llosa, las facultades de conmoción del texto resultan menores que las de sus anteriores narraciones (pienso en La Violencia del Tiempo y El mundo sin Xóchitl). Es una historia que busca satisfacer dos preguntas: ¿quién es Tamara Fiol? y ¿Quién es el elusivo Arancibia? No son preguntas cuyas respuestas sean sentimentales, aunque las pasiones rodeen a esta pareja. Es el esquema de un policial, aunque no del tradicional (ese policial que parece más poderoso que el melodrama en la literatura de hoy). La entrevista que Morgan Scott Batres, periodista freelance, realiza a la Fiol para profundizar un reciente reportaje suyo sobre las mujeres de Sendero hace palmario que, para responder a ambas preguntas, se requiere explorar en la historia ideológica del Perú, principalmente la de los años iniciales del siglo XX, que determinan el presente de Tamara, inválida y empleada de las Naciones Unidas en su país.

 
post-las-razones-de-la-violencia-portada2Justamente son esos pasajes de la novela, ambientados en la Lima de González Prada, de Mariátegui, del fogoso abuelo anarquista de la Fiol, y en el Trujillo de Haya los más vívidos e intensos. La vida del corresponsal de guerra Morgan Scott Batres parece deslucida frente a la de estos eruditos y hombres de acción cuya pasión por la historia y el futuro crea la historia y el futuro, a la vez que los anuncia. Cualquier emoción del periodista Batres resulta pobre frente a estos intelectuales épicos que prohijan la generación de universitarios que los sucederán en los cuarentas y cincuentas. De esta heredad bebe Tamara, pero también mucho de la guerrilla peruana de De la Puente Uceda y el movimiento político universitario comunista de los años setenta en San Marcos. En Confesiones de Tamara Fiol, Gutiérrez nos recuerda que a partir de esa historia y del funcionamiento de las facciones del partido comunista y de las arbitrariedades de la oligarquía peruana se legitima un nuevo tipo humano que, aunque proporcionalmente minoritario en el país, creó una forma distinta de compromiso y de proyecto político, abrazados por universitarios e intelectuales, en teoría la élite cultural de la sociedad. Aparecieron entonces hombres y mujeres que pensaban, estudiaban, vivían e interpretaban su existencia en función del partido, del materialismo histórico y dialéctico, de la toma del poder por medio de la guerra civil y las armas.

 
Desde luego, nada en la novela hace descender de esta intelligentsia roja la letrina de masacres e insanidad que luego desplegó el accionar de Sendero Luminoso en su guerra contra el Estado Peruano, pero la configuración de la identidad política de Tamara, que vive inmersa en ese mundo clave para su apasionante personalidad, también nos da luces sobre por qué la iniciativa violentista de Sendero fue vista, en sus comienzos, sin sorpresas, y hasta con admiración lindante en la complicidad por personajes firmemente comprometidos con la izquierda política y universitaria de fines del siglo XX. En la novela de Gutiérrez, sus protagonistas entienden que la guerra para tomar el poder no es un acto criminal y salvaje, sino que tiene explicaciones intelectuales e históricas que se remontan a muchas generaciones de pensadores considerados como los más brillantes de sus generaciones. Responde a una tradición reflexiva y política de genealogía prestigiosa, que no contempla la insania de la que hicieron gala las huestes de Abimael Guzmán, como lo da a entender la propia Tamara Fiol cuando, en la entrevista que le hace Batres, condena la crueldad de Sendero. Pero la particular decisión de Sendero de pasar a las armas, como Guzmán lo entiende, y la inclinación ideológica de la izquierda facciosa por invocar ese ademán decisorio en su enfrenamiento con la burguesía peruana hace del ejercicio de la violencia una práctica ambigua: ¿demencial o, como lo entiende la intelectualidad izquierdista de compromiso radical, justiciera? La novela no resuelve esa ambigüedad, pero la hace explicativa de muchos de los garrafales errores en la vida de sus muy comprometidos protagonistas. Como fuese, resulta claro que, según la óptica de Gutiérrez, la opción por la guerra no nació de un grupo de violentistas descastados en Huamanga, sino que fue discutida, madurada, acariciada por una comunidad de científicos y profesionales de las más diversas disciplinas —Tamara es química—, que gestaron una tradición propia en contacto con las razones más avanzadas de la filosofía política europea. Para estas comunidades, la violencia no nació del tiempo, sino del pensamiento».

 

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Conferencias de Arte y Cultura – Iconografía en el Arte Peruano

post-evento-iconografia-cabeceraA fin de afianzar un espacio para la reflexión y el diálogo en torno a diferentes aspectos del arte y la cultura peruana, el Instituto Nacional de Cultura (INC) reiniciará el próximo miércoles 18 de febrero, el ciclo de conferencias sobre estos tópicos en el Museo de la Nación (Av. Javier Prado Este 2465, San Borja). El ciclo de conferencias, denominado «Iconografía en el Arte Peruano», contará con la participación de destacados investigadores y catedráticos de las principales universidades del país.

 

La primera ponencia estará a cargo del Dr. Ramón Mujica Pinilla, Catedrático de la Escuela de Arte de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de San Marcos, quien desarrollará el tema «Iconografía de Santa Rosa de Lima». Asimismo, el Lic. José Cornelio Bello, de la Agencia Española de Cooperación Internacional, realizará una aproximación a las «Políticas del cuerpo, poder y raza en la cultura visual virreinal». En la siguiente fecha, 25 de febrero, el Arq. Carlos Cosme, Catedrático de la Universidad Femenina del Sagrado Corazón, disertará sobre la «Representación, iconografía andina y la importancia del mestizaje». «Aspectos Políticos en la Iconografía del siglo XVIII», será el tema que ese mismo día abordará  el Dr. Jaime Mariazza Foy, Jefe del Área de Laboratorios de Conservación y Restauración del Instituto Nacional de Cultura. Finalmente, el miércoles 04 de marzo se llevará a cabo las ponencias «La iconografía de la Muerte», a cargo del Lic. Freddy Cabanillas Delgadillo, Catedrático de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos e «Iconografía en el Cementerio Presbítero Maestro» a cargo de la Lic. Hilda Barentzen, Catedrática de la Escuela de Arte de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

 

El ingreso a este ciclo cultural es gratuito y se entregarán constancia a quienes hayan asistido a todas las conferencias.

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En cartelera: Operación Valkiria, de Bryan Singer

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Debo confesar que fui a ver la película después de haber escuchado una serie de comentarios (positivos y negativos) sobre la misma. Después de todo, una película sobre la Segunda Guerra Mundial siempre es bien recibida, especialmente si la dirige Bryan Singer, responsable de Sospechosos comunes, la saga de los X-Men y una olvidable versión de Superman, sin mencionar que también dirige la magnífica serie Dr. House.

 

En líneas generales, Operación Valkiria no me parece una mala película pero tampoco es la mejor de Singer. Además, abordar un tema como el fallido complot contra Hitler dirigido por el Conde Claus von Stauffenberg, interpretado por Tom Cruise, le ha reportado un plus inesperado. En Alemania, la película ha sido un éxito rotundo, lo cual es comprensible, ya que el peso fílmico y mediático hasta ahora ha recaído en señalar la complicidad o pasividad del grueso de la población alemana durante los años del Tercer Reich. Películas como Sophie Scholl y las versiones previas acerca del complot de Stauffenberg se propusieron romper con esta interpretación generalizada, que los académicos ya habían cuestionado en investigaciones y libros, como el de Robert Gellatelly, No solo Hitler. La Alemania nazi entre la coacción y el consenso (Barcelona, 2002).

 

 

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Lo más interesante de la película, a mi modo de ver, es que Singer vuelve a sus raíces y se concentra más en la organización del complot que a la puesta en marcha del mismo, lo cual ha sido enfatizado por las versiones anteriores del complot así como por una versión para TV realizado en Alemania. Al igual que lo hicieran en Sospechosos comunes, Singer y el guionista Cristopher McQuarrie privilegian la logística del evento. Asistimos entonces a los antecedentes del plan, los primeros fracasos y la necesidad por afinar los preparativos para la eliminación física de Hitler.

 

Es aquí donde entra Stauffenberg. La película lo presenta como un disconforme que es reclutado por los conspiradores para reemplazar a uno de los miembros detenidos por la policía secreta. Al igual que con Dean Keaton de Sospechosos comunes, Stauffenberg se convierte en quien articulará el movimiento y le dará la consistencia necesaria para llevarse a cabo. En ese sentido, Singer continúa la tradición de personajes que reflejan la tensión de formar parte de un grupo pero no de querer ser parte de ellos: al igual que el Keaton de Sospechosos comunes —un ex criminal que quiere redimirse pero que es forzado a cometer un nuevo delito—, el Gregory House de Dr. House y el Wolverine de X-Men —un mutante que se mantiene aislado hasta ser llamado por el profesor Charles Xavier—, el Stauffenberg de Singer es parte de la Wehrmacht nazi pero no comparte su lealtad al Führer ni a la continuación de la guerra.

post-en-cartelera-operacion-valkiria-cruise-stauffenbergComo ya lo mencionamos, será Stauffenberg/Cruise quien cierra la trama al dotar de la organización necesaria al complot. Su aporte serán las modificaciones realizadas a la denominada Operación Valkiria, un plan de emergencia por el cual uno de los múltiples brazos armados del Reich, la Guardia de Reserva, podía ser movilizada para imponer el orden en Berlín y en los demás distritos militares y contrarrestar a las poderosas SS, dirigidas por Himmler. En este aspecto, el film es impecable y de manera más que clara, Singer reposa la tensión en los preparativos así como en los aspectos que van saliendo mal a medida que la operación avanza: el cambio de lugar de reunión a un espacio más abierto, el uso de solo una carga de explosivos, el traslado del maletín con los explosivos. La estrategia visual y narrativa de Singer es correcta, ya que la historia del complot es bastante conocida, por lo que el peso debía ser trasladado a los preparativos y al grupo humano que lo llevó a cabo.

 

Vemos así las ambiciones de los implicados, especialmente el doble juego de Fromm, quien ordena la ejecución de los complotados para evitar que estos descubran su propia participación en el plan. La dubitación de algunos de ellos también queda evidenciada en la película, que centra su atención en los conspiradores más que en los personajes cercanos a Hitler. Estos son los que carecen de versatilidad y resultan poco convincentes, incluyendo al propio Hitler. Y es que después de las interpretaciones de Hitler y su entorno en La caída, va a ser difícil encontrar un Tercer Reich más convincente. Lo mismo se podría decir de Tom Cruise. No me termina de convencer del todo. No solo porque físicamente no se parece al Stauffenberg real sino porque en el contexto de la trama desencaja con el resto de actores.

 

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La Iglesia Católica y el Holocausto: notas en torno a un reciente debate

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La decisión del Vaticano de perdonar de la excomunión al clérigo Richard Williamson ha removido uno de los temas más espinosos para la Iglesia Católica: su posición frente al Holocausto. Originalmente, Williamson, junto con otros cuatro obispos de la Sociedad Pío X, organización que busca la restauración del catolicismo decimonónico, habían sido excomulgados por haber sido ordenados en 1988 sin autorización previa. Con el perdón papal, lo que se buscaba es atraer a la Sociedad Pío X al seno de la Iglesia y unificarla. 

 

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Una de las primeras voces fuertes en salir al frente de este aparente perdón fue la canciller alemana Angela Merkel, quien emplazó a la Santa Sede y al Papa, oriundo también de Alemania, a que definiera una posición enérgica contra aquellos que niegan el Holocausto. «El Papa y el Vaticano deben aclarar sin que quede duda alguna que no puede haber negación [del Holocausto] y que las relaciones con la comunidad judía deben ser positivas». Para Williamson, el Holocausto, entendido como la matanza sistemática de seis millones de judíos a manos de los nazis, no era tal, sino a lo más, la muerte de 200 mil a 300 mil víctimas, las cuales murieron en los campos de concentración mas no en las cámaras de gas pues estas no habrían existido.

 

Hace dos días, el Vaticano emitió un comunicado por el cual se señalaba que el Papa desconocía las declaraciones de Williamson sobre el Holocausto al momento de perdonar su excomunión. El tema no termina ahí. Al parecer, la actitud inicial de la Iglesia acerca de Williamson ha dado lugar a la crítica de grupos internos acerca de la cercanía que estaba tomando la Santa Sede con grupos ultraconservadores, como la Sociedad Pío X, que tenía como una de sus figuras más visibles a Marcel Lefebvre, conocido por su rechazo a los postulados del Concilio Vaticano II.

 

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Kennedy, Oswald y nuestro Ministro del Interior

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De antología. Al ser interrogado por la prensa sobre la improvisación con la que se llevó a cabo el desalojo en el Bosque de Pómac, lo cual provocó la muerte de dos policías por francotiradores, la respuesta del Ministro Remigio Hernani no pudo ser más desatinada: «Recuerde usted que el Presidente Kennedy de los Estados Unidos, con toda la inteligencia, con todos los súper agentes, fue asesinado. Hay imprevistos que se presentan en cualquier momento».

 

 

Traducción: lo que el Ministro posiblemente trató de explicar fue que no esperaban que en una operación de desalojo los pobladores hubiesen contratado francotiradores ni contaran con armamento sofisticado. Esto habría inducido a la policía a no llevar armas, de modo que no se produjeran heridos ni muertes. Según lo ha revelado la prensa, informes de inteligencia advertían sobre la existencia de armas y de personas ajenas contratadas para defender a los invasores del terreno. Para complicar las cosas, los policías no tuvieron soporte logístico adecuado ni alimentación ni agua en una zona extremadamente calurosa. Peor aun, muchos policías que comieron el rancho que llegó posteriormente cayeron enfermos por la comida en estado de descomposición.

 

El ministro tuvo que asistir al Parlamento a explicar lo ocurrido, pero sus explicaciones no convencieron. Al parecer su suerte estaría echada, a menos que el presidente lo quiera mantener a toda costa como hizo con su antecesor Luis Alva Castro.

 

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